Ibai Guirles ya se ha instalado en las cercanías de Tübingen (Alemania), lugar donde, por medio del programa Juventud en Acción, participará en un curso de formación. Fiel a su compromiso, nos ha enviado el relato de sus primeros días en Alemania:

“Mi turno. Sonrisa en boca y pasaporte en mano. “Buenos Días. ¿Adonde va?”, me pregunta el responsable de la facturación. “A Frankfurt Hahn”, respondo. A su derecha hay una persona que comprueba todo el proceso e, impasible, me dice amablemente que hay 4 kilitos de más y le voy a tener que pagar 40 euros por exceso de equipaje. Viendo que la sonrisa no funcionaba le intento pedir que si no le importa hacer la vista gorda, que me voy una temporada… Pero el hombre del check in no siente, es de hierro, impasible a las ilusiones, esperanzas, frío en Alemania… Él no tiene sentimientos, lo mismo que yo no tengo dinero para pagarle. Es él contra mí. Me salgo de la cola y, poco a poco, saco dos sudaderas de la maleta, la toalla, la chaqueta gorda y me convierto en Michelín. Finalmente vuelvo a pesar la maleta y me da 14,5 kilos. Estoy dentro.

Hoy será mi sexto día en Alemania. Ya he estado en Heidelberg y he visto a mi amiga Elena después de 4 años. Hemos recordado leyendas y aventuras varias. Pero lo más divertido empezó ayer. Después del viaje hasta Tübingen, conocí a mi familia de acogida en el pequeño pueblecito de Buhl, a siete kilómetros de la ciudad. Es más de lo que esperaba, una familia alemana muy acogedora (hablaré de ellos en otro post) con una magnífica casa, y me han dado un cuarto grande con escritorio, una butaca ultra cómoda… he tenido bastante suerte. A Hanah, una chica de Sevilla que vive a 3 minutos de la mía, le ha tocado un agujero estilo años 60, con flores de plástico sobre la tele y una virgen de Guadalupe en el recibidor, como me decía esta tarde en el autobús. Ahora solo me queda intentar comprender cómo se hace la cama. Es un poco rara y tiene unas colchas muy raras también. Se lo he preguntado a la amatxo alemana que me ha tocado y al explicármelo no le entendido nada en alemán, así que volveré a dormir como un churro hasta que le entienda a esa mujer como se usa esta cama rara…”