En Junio de este año dos familias publicaron este anuncio con la intención de encontrar voluntari@s que les ayudasen con su proyecto. Erika Yurre, una de las impulsoras de esta aventura, nos ha facilitado los detalles de esta interesante iniciativa:

“Somos dos familias del Valle de Karrantza que trabajamos en un proyecto de desarrollo sostenible de vida en el medio rural. Nuestra idea es vivir en el campo y del campo, y además de una forma creativa y digna. Integrarnos con la comunidad existente, ofreciendo un dialogo entre lo que nos interesa: la relación entre las prácticas artísticas, la ecología  y la vida. Para ello hemos construido nuestra vivienda bifamiliar con fardos de paja siguiendo criterios bioclimáticos de auto-construcción y apostando por las energías renovables. Ahora buscamos personas dispuestas a colaborar en la construcción de una nueva edificación que será la zona de encuentro común de las dos casas y contará con infraestructuras comunes como espacio para el encuentro, cocina, horno de leña, lavandería, etc. En definitiva, un espacio donde por una parte, podamos procesar los productos del huerto ecológico y podamos ofrecer charlas o talleres a la comunidad sobre nuestros diferentes intereses. La nueva edificación nos permitirá en un corto espacio de tiempo, repetir todas las fases del proceso constructivo desarrollado en la vivienda, desde los cimientos en termoarcilla,  hasta el revoco en cal, pasando por la construcción con balas de paja. Además pedimos la colaboración para registrar en un documento audiovisual el proceso de la construcción de la propia edificación”.


El resultado de este llamamiento, fue el transito durante el verano de más de cincuenta voluntarios-colaborador@s, venid@s de diferentes puntos de la península. En su mayoría arquitectas, ingenieros, creadores, un par de biólogas y personas interesadas en desarrollar proyectos similares en sus lugares de procedencia. Además de las personas venidas de fuera, también se sumaron personas del valle de Karrantza, aportando ideas para la construcción, la huerta, etc.

A parte del aprendizaje colectivo y el intercambio de saberes y formas de hacer, el resultado material tangible en estos momentos es que la edificación está levantada, no terminada, pero realizada hasta los objetivos que se habían prefijado. Sin la colaboración de estos voluntarios esto no hubiera sido imposible.

Durante los meses que duró la construcción se registró el proceso a través de fotos y vídeos. Por una parte, una cámara de vídeo situada sobre un trípode grababa desde diferentes puntos en time-lapse todo el proceso de construcción, mientras que otras cámaras pasaban de mano en mano por los voluntarios, que iban grabando o sacando fotografías, creándose así un documento audiovisual colaborativo. Una forma también, de permitir colaborar con el proyecto a algunas personas que por sus condiciones se hubieran visto excluidas de la propia obra (embarazadas, niñ@s, personas con problemas de salud y ancianos).